Y después vendrás a mí

En los pasillos de la Cumbre Iberoamericana de Cádiz se debe de estar tarareando estos días profusamente aquella canción de Óscar D’León: Y después vendrás a mí / pidiéndome perdón / pero ya mi corazón / no se acuerda más de ti. En una vacua exaltación a la hermandad entre los pueblos, España les pide ahora a los países latinoamericanos facilidades para el comercio y la circulación de personas, de manera que nos ayuden a salir de la crisis. Después de racanear la Ayuda al Desarrollo, que a duras penas se aproximó a los niveles comprometidos internacionalmente, de poner mil trabas a la emigración de sus ciudadanos, cuando no de someterlos a humillaciones, y de
aprovecharnos de sus crisis para colocar a nuestras grandes empresas, ¿con qué derecho solicitamos ahora esa ayuda?
A los que nunca creyeron en la solidaridad desinteresada hay que decirles que también servía para eso, para no tener que oír cumbias ni cantar boleros de desamor. Es obvio que en el naufragio también hemos perdido una gran oportunidad para crear una sociedad internacional sin barreras, más justa con la ciudadanía de ambos lados del océano, que es la que acaba pagando esta y todas las crisis.

Miquel Carrillo, 20/11/2012

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