¿Quién pilota el tratado de comercio con los EEUU?

Miquel Carrillo, Responsable Incidencia Política ÀGORA Nord Sud

Aparegut al diari ARA, 27/03/2014

Estamos en el año 2031. Unos amigos nos hemos reunido para volver a hacer un viaje en globo, como hicimos hace ya algunos años . Los que ya tenemos cierta edad, todavía recordamos como era La Garrotxa antes no llegara el fracking en Riudaura y sus alrededores. Los volcanes, masías y campos antes verdes y llenos de vacas y cerdos, están llenos ahora de cientos de pequeños pozos que extraen el gas de pizarra. No ha estado mal, con todo, dicen los expertos que no depender tanto de la energía extranjera nos ayudó mucho a superar la gran crisis de principios de siglo.

Sin embargo, hubo problemas. Ante las evidencias de riesgos ambientales, la Generalitat intentó proteger el territorio, declarándose una moratoria. Pero la empresa norteamericana que tenía los permisos para la exploración y explotación del gas, hizo valer los acuerdos comerciales internacionales ante el árbitro del Tratado UE- EE.UU. , donde no vale nuestro estimado principio de precaución. Todo el mundo sabe que la legislación local no puede contravenir los acuerdos internacionales, el intento del ejecutivo catalán fue bastante de cara a la grada, casi por decir que había hecho algo al respecto.

La empresa de viajes en globo dice que cierra , parece que no es demasiado atractivo ver Olot convertido en un pequeño Dallas . Tampoco hay demasiado interés en ver a decenas de caseríos abandonados, ante la inviabilidad evidente de la agricultura local frente la agroindustria. Un tal Gustavo Duch lo avisaba hace años en un artículo, uno de esos locos que se opuso a la firma del acuerdo, argumentando los riesgos que éste tenía para nuestra alimentación y nuestra agricultura. No tan loco, porque ya se sabía entonces que acuerdos comerciales como aquel ya habían hecho subir el precio de los alimentos importados un 67% a los mismos EE.UU.

Hay gente que dice que la visita del presidente Obama en marzo de 2014, para impulsar la cuarta ronda de negociación del Tratado, fue decisiva. Con la excusa de la crisis en Crimea, justo en aquellos momento, y de no tener que depender del gas ruso en un futuro, las últimas reticencias de algunos miembros de la UE fueron vencidas. Además, meses después, un Parlamento Europeo con una presencia importantísima de la extrema derecha, ayudó a la Comisión Europea (CE) a sacarlo adelante.

¿La sociedad civil? Aunque y hubo cierta oposición, el secreto de las conversaciones fue tal que nunca se conocieron los aspectos fundamentales del tratado hasta que estuvo firmado. Curioso, porque en países como España en aquellos momentos la clase política hacía bandera y se jactaba de trabajar por la transparencia, incluso promulgaron una ley, creo recordar. Después, con los estándares norteamericanos de acceso a datos privados, fue más sencillo controlar y desarticular la oposición. En esos momentos, todo se dio por bueno para salir de la crisis y generar empleo, y esta fue la excusa con la que convencer fácilmente una opinión pública que había perdido la perspectiva internacional, castigada por casi una década de recesión ..

Seguramente, fue el punto de inflexión del poder creciente de las multinacionales, desde Estambul a Los Ángeles, que desde el Diálogo Empresarial Transatlántico, formado en 1995 por el Departamento de Comercio y la CE, se esforzaba para crear un área de libre comercio donde la legislación comercial estuviera por encima de la soberanía nacional. Desde el principio participaron muy activamente en las conversaciones del Tratado: hasta el 93% de las reuniones de preparación fueron con lobistas privados, según la propia Comisión .

Que esto sea o no política o excursionismo ficción todavía depende de nosotros. El President Artur Mas decía hace tiempo que los ciudadanos pensábamos que los políticos tenían un poder que ya habían perdido realmente, y que por ello los hacíamos blanco exclusivo de nuestras frustraciones. No podemos aceptar esa situación como un destino inexorable, hay que luchar por recuperar el sentido de la política y de la res pública. Que el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones con EE.UU. pueda regular gran parte de los aspectos de nuestra vida y no sepamos nada de su negociación , o que su sistema de arbitraje extrajudicial pueda llegar a sustituir todo el ordenamiento nacional e internacional para resolver conflictos entre empresas y Estados demandados por estas, forma claramente parte de este sentido perdido, o más bien secuestrado a través de maletines y puertas giratorias que conectan rascacielos y asambleas legislativas.

La política europea parece como uno de esos globos de La Garrotxa, que sólo pueden subir o bajar, pero que para moverse necesitan una corriente de viento. De momento, quien sopla, y bien fuerte, son los oligopolios y las grandes multinacionales, y si la ciudadanía no sopla con fuerza, no es que nos perdamos mar adentro, es que no quedará ni rastro de un artefacto, la UE, que en el pasado sirvió para avanzar y mucho en nuestros derechos y nuestra democracia.

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